lunes, 31 de mayo de 2010

He visto a gente llorar,
he visto a gente morir.
En los pueblos del olvido,
la paz en los cementerios.

Tu tierra, tierra de nadie.
Tus sueños tras un muro.
Tu corazón lleno de rabia
y en tus ojos media luna.

Piedras contra tanques,
esperanza contra contra codicia.
Hijo de la tierra y el hambre
Tu futuro en una brecha.

Resiste, no tienes que sucumbir.
Resiste, esto es poco para ti.
Resiste, con tu pistola de barro.
Resiste, contra el soldado.

Cuando nada llega nada llega,
y no tienes nada.
Dejas todo atrás
y echas a volar.

Dormido sobre la arena,
en tu cabeza un poema,
solo habla de guerra,
no te deja soñar.

Hoy emprendes tu uída,
de camino al sol.
Con la esperanza perdida,
pero no la pasión.

Resiste, no tienes que sucumbir.
Resiste, esto es poco apra ti.
Resiste, con tu pistola de barro.
Resiste, contra el soldado.

No, no mires atrás,
ya no e stu hogar,
busaca tu sitio en el mundo.

No, no llores mas,
tus lagrimas,
entre bombas de humo.

Cuando nada llega nada llega,
y no tienes nada.
Dejas todo atrás
y echas a volar.
Cuando nada llega nada llega,
y no tienes nada.
Dejas todo atrás
y echas a volar.

He visto a gente llorar,
he visto a gente morir.
En los pueblos del olvido,
y tu no estabas aquí.

lunes, 17 de mayo de 2010

III

Que pequeño es el abecedario para quererte.

II

Una imagen estimula los sentidos, una palabra, el corazón.

I

El amor es una enfermedad para los débiles de mente y que sólo pueden superar los valientes de corazón.

a M.I.R.E.I.A

Miradas que en un susurro se apagan,
Intento de un árbol por alcanzar el cielo.

Residuos que dejó un corazón,
En un vaso, en que quizá quepa el mar.

Intriga tras una esquina,
antes de que te vuelvas a marchar.

domingo, 9 de mayo de 2010

La Ópera

En la última fila apenas se intuía su silueta. Inmobil, sufriendo pero disfrutando los delirios de los narcóticos, hacia de la mezzo soprano que cantaba sobre el escenario, un conjunto de fantasías que se diluían y avivaban con las notas que dejaban libres en el aire aquellos labios de cuento, rojos, dulces y viciosos. Le gustaba la ópera cuando sus sentidos se encontraban efervescentes tras su dosis de ácido lisérgico, los acordes le hacían eyacular. Pero esta vez, las notas que Puccini había posado sobre un papel y que ahora la cantante recitaba, le maltrataban el corazón o el agujero donde éste se encontró alguna vez.