viernes, 2 de abril de 2010

El asedio del Otoño

Su vida pendía de un hilo. Las demás habían caído. Llovía. No podía gritar, el odio no tiene fuerza cuando se esta solo. Debía rendirse a la omnipotencia del otoño, al fin y al cabo, solo era una hoja. Sigue lloviendo y en el suelo, un cementerio, de las que honraron a la primavera.

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